sábado, marzo 15, 2008

Cabeza de chorlito




El hombre saca el celular del bolsillo del saco y comienza a pasearse por el patio mientras contesta el llamado. Ha pasado media mañana sentado frente a la computadora, pero el ringtone lo pone en movimiento.


Acompaña cada cambio en el turno de la conversación con un cambio en su trayectoria, y se detiene para subrayar con la mano libre sus respuestas.


A mil kilómetros de distancia, una mujer intenta detectar en el reflejo de las vidrieras dónde dejó estacionado su auto mientras le cuenta que un estudio encabezado por el ornitólogo danés Henrik Mouritsen, de la Universidad de Oldenburg, en el norte de Alemania, ha llegado a la conclusión de que la zona cerebral que controla el lenguaje humano es una evolución de la que determina el movimiento.


En un comienzo, Mouritsen estudiaba los sistemas de navegación de las aves migratorias que, al igual que el de las palomas mensajeras, revelan una precisión pasmosa y sólo han sido imitados parcialmente por los humanos con la invención de la navegación por satélite.

Mientras buscaban el GPS animal, los científicos observaron que en la zona cerebral responsable del movimiento de esas aves existen patrones y mapeos neuronales que se emparentaban asombrosamente con la región que controla su canto.

Papagayos, colibríes y plumíferas canoras teutónicas serían el ejemplo de por qué las personas se ponen en marcha al hablar. "El lenguaje depende de la facultad agudamente refinada de controlar los movimientos de la laringe. Suponemos que las regiones cerebrales que controlan el lenguaje evolucionaron en forma semejante a las del cerebro de los pájaros", señaló Mouritsen.

Si se logra dilucidar la exacta relación entre lenguaje y movimiento, estaríamos a las puertas de entender cómo es que tantas personas se pierden en los derroteros de sus discursos, migran de una postura política a otra sin olvidar el camino de regreso o por qué no pueden permanecer sentadas mientras hablan por celular.

Asimismo, los investigadores han planteado la hipótesis de que la región cerebral de los pájaros que controla los movimientos sirvió de base para la evolución del canto y que ello es además extrapolable a los seres humanos, lo cual alentaría el regreso a los escenarios de tanto pajarraco glam metal que creíamos sepultado en el olvido.


Los resultados apoyan además una hipótesis habitual según la cual el lenguaje humano tiene su origen en la comunicación gestual y la mímica, que también son formas del movimiento, si se considera que los bebés y los adolescentes se manejan por el lenguaje de señas antes de articular sus primeras palabras.

Hay quienes van más lejos y esperan mayores precisiones sobre el descubrimiento para elaborar una nueva teoría sobre los moai de Rapa Nui y la repentina desaparición de sus creadores, los hombres-pájaro, de los que sólo quedó el ceremonial del Tangata manu, quien recogía el primer huevo de manu tara (el gaviotín pascuense) y era líder por un año, allá por abril.

jueves, febrero 14, 2008

Añicos de cenizas

Tres de la tarde. Treinta y tres grados a la sombra. Nada parecía desplazarse, salvo los deseos de que quedara un cigarrillo en el estuche. No tenía ninguna certeza; más aún, ya había desechado minutos antes toda posibilidad de que en algún momento del día anterior hubiera guardado un pucho. Entonces, tomando en mis manos anhelantes pero absolutamente escépticas, terriblemente anhelantes, el estuche, lo destapé y una alegría en tropel me desbordó la cara y, por qué no, el alma: un cigarrillo hermoso se erguía como un cohete a punto de encenderse para volar hasta mi cerebro rebosante de júbilo. Entonces tomé la birome y el cuaderno dispuesto a plasmar ese momento que me abrazaba como una supernova de impresiones.
Tres latidos después, un ruido a vidrio que cae y estalla me hizo recordar que dos veces no debo, que la semana anterior no debería haber manipulado con impune torpeza el cenicero para dejarlo volar hasta el piso desde ciento sesenta y tres centímetros de altura; porque aquel día se había mantenido unido con una dignidad escasamente vista. El cenicero no había mostrado una sola cicatriz o veteado que pudiera relatar o delatar la terrible caída, el terrible chapuzón fallido en la mugre del piso.
Pero ahora no. No había resistido el tropezón que lo sepultó en los cincuenta centímetros que separan al apoyabrazos izquierdo del sillón de sus patas y una estrella de añicos y cenizas fractales se esparcía y flotaba sobre las baldosas, recordándome que seguía sin fumarme el cigarrillo por escribir lo que sucedía. Y trascartón recordé que dos meses antes me habían querido regalar un hermoso posacenizas de cristal tallado y yo había rechazado el presente (ahora irrecuperable pasado) porque me bastaba el cenicero que tenía.
Ahora veía que el cenicero más usado, más cercano y querido es el roto (porque un martillo roto es más real que uno sano, rezaba un escrito marxiano olvidado y abierto sobre la mesa). Y el efecto de realidad se escabullía entre citas y categorías sin concierto, salvo una red moébica de imágenes que cabalgaban en patrón métrico de cumbia allende a la medianera como factor constitutivo de la arritmia racional.
Luego de asentar el testimonio lo más inteligiblemente posible, prendí el cigarrillo, deje que me fume lentamente y ví lloviznar el cilindro de cenizas sobre el naufragio de cristales.

sábado, febrero 09, 2008

Marítima

Acaso un desatino de mis dedos
Dibuje el rostro incierto del deseo
Entre los pliegues ocres de tu pelo
Para salvar el puente de la siesta

Quizás entre tus mundos se cobijen
Aquellas madrugadas sin fronteras
Donde medran los dones de tu vientre
Y el canto abrumador de las sirenas

Allí estaré encallado, entre tus brazos,
Mellado el casco altivo de mi pecho
Y el lento vacilar de tu mirada
Hará estallar el viento en mil pedazos

jueves, enero 31, 2008

99 lecturas recomendadas

Quien se detenga un momento a considerar esta lista no tendrá recorrido el mejor sendero de la lectura, ni pasará por sabio si los ha leído todos. Pero transitará casi todas las preguntas importantes de la existencia. No así las respuestas, que andarán -vaya uno a saber-por otro derrotero.

1. Dioses, tumbas y sabios, C. W. Ceram
2. Cuando ya no importe, Juan Carlos Onetti
3. Viaje al centro de la tierra, Jules Verne
4. La insoportable levedad del ser, Milan Kundera
5. Elogio de la locura, Erasmo
6. Ficciones, Jorge Luis Borges
7. Lolita, Vladimir Nabokov
8. El país de octubre, Ray Bradbury
9. Cien años de soledad, Gabriel García Márquez
10. El perfume, Patrick Süskind
11. Ensayos, Roger Bacon
12. El Aleph, Jorge Luis Borges
13. Niebla, Miguel de Unamuno
14. La vuelta al día en ochenta mundos, Julio Cortázar
15. Fahrenheit 451, Ray Bradbury
16. El Eternauta, Oesterheld - Solano López
17. La gesta del marrano, Marcos Aguinis
18. Final del juego, Cortázar
19. Odessa, Frederick Forsyth
20. El cerebro de Broca, Carl Sagan
21. Rubbayiat, Omar Khayyam
22. El evangelio según Jesucristo, José Saramago
23. Cumbres borrascosas, Emily Brontë
24. 62/Modelo para armar, Julio Cortázar
25. La conciencia de Zeno, Italo Svevo
26. Mitologías, Roland Barthes
27. Mientras escribo, Stephen King
28. El arte de amar, Ovidio
29. Una historia de la lectura, Alberto Manguel
30. Otras inquisiciones, Jorge Luis Borges
31. El mundo ha vivido equivocado, Roberto Fontanarrosa
32. Las venas abiertas de América Latina, Eduardo Galeano
33. Juntacadáveres, Juan Carlos Onetti
34. Un breve historia del tiempo, Stephen Hawking
35. Mas allá del bien y del mal, Friedrich Nietzsche
36. Fábulas, Esopo
37. Tonto, muerto, bastardo e invisible, Juan José Millás
38. Historia de la estupidez humana, Paul Tabori
39. Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carroll
40. Contra la interpretación, Susan Sontag
41. El nombre de la rosa, Umberto Eco
42. El señor de las moscas, William Golding
43. 1984, George Orwell
44. Narraciones extraordinarias, Edgar Allan Poe
45. La metamorfosis, Franz Kafka
46. Odisea, Homero
47. La increíble historia de Peter Schlemihl, Adelbert von Chamisso
48. El conde de Montecristo, Alejandro Dumas
49. Historia de la filosofía occidental, Bertrand Russell
50. 20 poemas para ser leídos en el tranvía, Oliverio Girondo
51. Rayuela, Julio Cortázar
52. Un mundo feliz, Aldous Huxley
53. Regreso a mundo feliz, Aldous Huxley
54. Martín Fierro, José Hernández
55. Salvo el crepúsculo, Julio Cortázar
56. Cuentos de amor, de locura y de muerte, Horacio Quiroga
57. Miedo a la libertad, Erich Fromm
58. El siglo de las luces, Alejo Carpentier
59. El traductor, Salvador Benesdra
60. Papillon, Henri Charriere
61. Dracula, Bram Stoker
62. El juguete rabioso, Roberto Arlt
63. Antología de la literatura fantástica, J. L. Borges, A. Bioy Casares y S. Ocampo, ed
64. El Principito, Antoine de Saint-Exúpery
65. El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez
66. La Biblia
67. Antologías apócrifas, Conrado Nalé Roxlo
68. Robinson Crusoe, Daniel Defoe
69. Kamasutra
70. El extraño caso de Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, Robert Louis Stevenson
71. Rebelión en la granja, George Orwell
72. Historia general de las drogas, Antonio Escohotado
73. La conjura de los necios, John Kennedy O´Toole
74. La narración de Arthur Gordon Pym, Edgar Allan poe
75. Frankenstein, Mary Shelley
76. Boquitas pintadas, Manuel Puig
77. Héroes y herejes, Barrows Dunham
78. Apología de Sócrates, Platón
79. Aguafuertes porteñas, Roberto Arlt
80. Las enseñanzas de don Juan, Carlos Castaneda
81. La naranja mecánica, Anthony Burguess
82. El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad
83. Los mitos griegos, Robert Graves
84. Crimen y castigo, Fiodor Dostoievsky
85. Cuentos, J. y W. Grimm
86. En busca de Troya, Irving Stone
87. El extranjero misterioso, Mark Twain
88. El lobo estepario, Herman Hesse
89. Teoría de la inteligencia creadora, José Antonio Marina
90. Mafalda, Quino
91. El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde
92. Espantapájaros, Oliverio Girondo
93. Cuentos, Guy de Maupassant
94. La interpretación de los sueños, Sigmund Freud
95. El arquitecto, Henri Troyat
96. Macbeth, William Shakespeare
97. Los viajes de Gulliver, Jonathan Swift
98. La condesa sangrienta, Alejandra Pizarnik
99. El diccionario del diablo, Ambrose Bierce

martes, enero 29, 2008

La especular

La especular

That mirror on mirror mirrored is all the show.
W. B. Yeats

Temerosos y furtivos
en la cómplice noche
con palabras caricias y oídos
alertas
conciben deseos de importuna concreción.
Una danza en llamarada
los funde ante el cristal.
Prudente intervalo
sometido
al oleaje anhelante.
Un espejo atestigua un grito silente
fugado en sudores.
En tenso arco el espasmo
la sumerge en la espiral sin fondo
del fuego desatado
y sus ojos se inundan
de armónica paz.

domingo, enero 27, 2008

Allegro ma non troppo

Un libro de Carlos Cipolla bastante divertido, si no fuera porque a diario hay que sobrellevar muchas de las situaciones que se describen en él.

La obra de Carlo Cipolla por momentos realmente hace llorar, por lo que la teoría de los nombres que predestinan a sus poseedores cobra una fuerza apabullante en este pensador.
Uno de los pasajes más esclarecedores del libro ofrece el salvavidas de "Las leyes fundamentales de la estupidez humana".

1ª. Ley fundamental: Siempre e inevitablemente todos subestimamos el número de individuos estúpidos que transitan el mundo.

2ª. Ley fundamental:La probabilidad de que determinada persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de dicha persona.

3ª. Ley fundamental (o de Oro): Una persona estúpida es la que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener un provecho para sí, e incluso obteniendo un perjuicio.

4ª. Ley fundamental: Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error.

5ª. Ley fundamental: La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe. Corolario a esta última ley: El estúpido es más peligroso que el malvado.


Con el desarrollo de la 3ª Ley (beneficios y daños que alguien se causa a sí mismo y a los demás), el autor divide a la humanidad en 4 grupos básicos:

a) Inteligentes: obtienen beneficios para ellos y para los demás.

b) Incautos: benefician a los demás pero no a sí mismos por falta de previsibilidad..

c) Malvados: afectan a los demás para beneficiarse a sí mismos., lo cual es injusto pero racional y previsible.

d) Estúpidos: perjudican a los demás y a sí mismos. Frente a estos uno está absolutamente desarmado.

miércoles, enero 23, 2008

La circular




Ella no escucha bien

le auguraron destino circular

pero entendió singular

Desde entonces rota

permanente

creyéndose directa

y sólo escucha el anverso

de sus confusiones.

domingo, enero 20, 2008

Recado

No me des pausa, no me absuelvas jamás
Acósame en el tuétano, que cada espada brutal sea tu rostro que regresa.
¡No me faltes dolor, no me des paz!
Así perderé mi dominio, ocurriré sutilmente.
No me malogres como una melodía inerte,
no seas soborno ni encierro;
lábrame como un puñal innoble, desgárrame.
Custodia tu deleite mortal, tu gesto, tu elogio.
No los entregues a la astucia.
Atrápame con cálida brisa de hierro y carbón.
Calla. Escúpeme vidrio en las entrañas, fisúrame las nieblas.
No me apetece tumbarme en plena noche, echar de ver que apuestas cara o ceca a la bestia.
Te invoco en la cruel solemnidad del precipicio,
Nada te pido.
Ni las escamas.
Hasta el olvido.
Liquida tu rostro innoble y permíteme clamar al fin mi infame espera.

Julito

No se culpe a nadie

El frío complica siempre las cosas, en verano se está tan cerca del mundo, tan piel contra piel, pero ahora a las seis y media su mujer lo espera en una tienda para elegir un regalo de casamiento, ya es tarde y se da cuenta de que hace fresco, hay que ponerse el pull-over azul, cualquier cosa que vaya bien con el traje gris, el otoño es un ponerse y sacarse pull-overs, irse encerrando, alejando. Sin ganas silba un tango mientras se aparta de la ventana abierta, busca el pull-over en el armario y empieza a ponérselo delante del espejo. No es fácil, a lo mejor por culpa de la camisa que se adhiere a la lana del pull-over, pero le cuesta hacer pasar el brazo, poco a poco va avanzando la mano hasta que al fin asoma un dedo fuera del puño de lana azul, pero a la luz del atardecer el dedo tiene un aire como de arrugado y metido para adentro, con una uña negra terminada en punta.

(continúa aquí)

Las vecinas


Episodio I

Se desplaza con cautela por el pasillo y la vereda, prestando atención sólo a sus nietos y a la viuda jubilada del segundo, con quien comparte la revista del cable, que cada vecino comparte solidariamente con algún otro, lo que no parece importarle demasiado al empleado de la empresa de cable del sexto, que tampoco parece percatarse de que funciona como prueba de que no sólo los empleados públicos transcurren sus jornadas totalmente ajenos a los pequeños desajustes que conlleva mirar continuamente para otro lado.

La viuda encontró finalmente una aliada, después de años de mirar con desdén a todos los vecinos y un período reciente en el que buscó el diálogo con los mismos para subsanar el vacío provocado por la muerte del marido, amigo íntimo del Toro Viejo, generando diálogos triviales que nunca terminaban en la cesión desinteresada de algunos de los cientos de jugosos limones que se precipitaban a su patio desde su frondoso árbol, sino en alguna queja o reclamo sobre mejoras necesarias para todo el edificio, las cuales procurasen ante todo traer alivio a la amenaza perpetrada por la única vez que se le había arrimado a su puerta agua de la calle, cuatro años antes.

miércoles, septiembre 13, 2006

Manuscribir


Algunos se sienten más seducidos por el ejercicio de la escritura manual que inclinados al uso del teclado. La posibilidad de tachar, corregir y volver a tachar es uno de los motivos. También puede hacerse en la computadora, es cierto. Pero… no es lo mismo. En el tachón, la reelaboración, la pausa, el movimiento de la mano y la lapicera juegan un papel de íntima discusión. Pasar en limpio es recordar el camino desandado y los desvíos ignorados. También permite tomar uno de esos desvíos, y encontrarse con nuevas posibilidades, con derroteros narrativos casi insospechados.
Si un día optamos por desplegar un relato sobre el lienzo de un día luminoso, al pasarlo en limpio quizás dedicamos un par de horas a emprender un derrotero paralelo bajo la lluvia y ver de qué manera, si cabe, los hechos se permutan, se desglosan, se humedecen, se congestionan.
En fin.

martes, septiembre 12, 2006

No hay dos sin estrés



¿Debe verse el furor del momento en la escritura? ¿Es acaso parte del contenido?

Esa sensación continua de saber mucho y sin embargo sentirse tan ignorante, tan poca cosa. Esa sensación de no saborear deseos por nada, porque la miseria de hoy fueron los deseos de ayer. Porque estas semillas fueron (son) las semillas pasadas.
El infierno puede adquirir, ya se sabe, múltiples formas, una instancia en cierto sentido fenomenológica. Digo infierno para acotar la instancia a un marco occidental que evite los habituales desbordes.
Dos pájaras de una pequeña población del interior se encuentran en viaje laboral matutino y administrativo a la ciudad central y comienzan a desmigajar un pasado común -casi- inexistente plagado de referencias cruzadas, personajes insulsos y anécdotas insoportables para el pasajero que viaja en el asiento anterior, que desgraciada o calculadamente soy yo. Yo y mis oídos incapaces de arrojarse a una siesta corta o apelar a cualquier otro recurso habitual de tangente de verosimilitud. Y el martilleo de estupideces se derrama durante una larguísima hora, con cadencias y tonos cambiantes pero siempre, siempre, vacíos y saturados de una oquedad existencial insobornable, con la densidad del plomo, candente hasta la disolución.
Finalmente encuentro la solución a la continuidad de semáforos y paradas y me bajo cerca del enrejado pene egipcio que adorna nuestra capital y que afortunadamente se apiada de mí.

Nada peor que esperar los resultados previsibles de los gestos incompetentes. Nada peor que hacerlo bajo una llovizna pertinaz de culos que desplazan brevemente tus silla y mesa al paso y la mirada reiterada del mozo preguntando por qué carajo te quedás una hora y media tomando un sucinto café. Y mientras tanto los clientes vienen y se van sin dejar ni propinas ni recuerdos, ni huellas. Sólo quizás dos tibiezas efímeras con la raya al medio en las cuerinas gastadas.
Al compás del café infinito, sigo deshojando la margarita, convencido de que no hay dos si estrés.

Del surco al celuloide


El instinto de supervivencia del ultracapitalismo cobraba las formas más curiosas.
El hombre compraba un atado de cigarrillos y eventualmente se fumaba el contenido por completo.
Entonces quitaba la estampilla del gravamen del producto tabacalero y la depositaba en unas urnas destinadas a recolectarlas para que, por algún procedimiento que escapa a las notas de este relato, o más bien de este relator, dichas estampillas se transformaran en dinero para personas discapacitadas, es decir para que siguieran sufriendo trasmutaciones hasta alcanzar la forma de una silla de ruedas o una ortopedia, por ejemplo.
El papel plateado que envolvía a los cigarrillos era reservado para alguna artífice amiga que creaba objetos artesanales mediante un delicado procesamiento de esas envolturas resplandencientes. Y las marquillas se recolectaban hasta sumar una decena para transformarlas entonces en una entrada para el cine. En suma, una planta de tabaco se transformaba en luz y sonido.

Recién venida



Nunca se sabrá cual fue la suerte de aquella mujer que un día llegó y se instaló en el sótano sin decir una palabra ni volver a asomar su mentón penetrante por la puerta trampa.
El viejo la vio entrar con paso decidido, silente, y sumergirse en aquella escalera telarañosa, plagada de moscas cegarras y secas. La contempló sin inmutarse, acostumbrado a las visitas que se quedaban sin preguntar ni disfrutar de su compañía por indefinidas horas o días. Cambió la yerba y siguió oteando los ladrillos que levantaban su horizonte cotidiano, borrando todo recuerdo de la recién venida.
El único sonido que se oyó durante ese rato fue un escupitajo breve del viejo y una puteada de colofón.
El agua estaba fría.

lunes, septiembre 11, 2006

Ariadna



Los colores de la tarde tornaban al rojo y la radio acercaba los resultados y los cánticos de las tribunas. Entre la cascada de yerba, primero, y la de agua después, se filtraba la voz de un muchachito arengando a Lilita Carrió. ¡ARI, ARII, ARIIII! Desplacé los ojos del mate a la fuente de los gritos y comprendí que no se trataba de una proclama política, sino de la convocatoria de un niño pertinaz a su hermanita ”¡Ariadna, vení!”
Por el laberinto de mis pensamientos se deslizaba una vez más ese nombre tan cautivante y tan inasible, y un instante después ya no era la plaza y el domingo anodino sino una jornada fatigante en el Museo del Prado y el encuentro inesperado una mañana de agosto con la figura reclinada de la doncella cretense.
Me vi aquella mañana esbozando una mueca casi sonriente hasta que me encegueciera el flash prohibido de la cámara y plasmando en celuloide un instante que se fundía ya y me llevaba como un embudo hacia otras latitudes y a la tarde en que dije que si encontrase a una mujer que se llamara Ariadna la raptaría. La frase no era vacua fanfarronería, sino un acto reflejo provocado por otro recuerdo, el de una noche en que había conocido a una hermosa boca que congeniaba con la mía y respondía al nombre de la rubia hija de Minos.
Aquel lejano encuentro no sólo fue fugaz sino infausto, ya que el único nexo entre ella y yo era un amigo de mi novia de entonces y de esta misteriosa muchacha que no dejaba de invitarme a hablar y asombrarme con cálidos asentimientos y comentarios feraces que nos iban recortando del entorno. El oportuno amigo de ambas respondía al nombre de Ulises, y creo que nunca supo del rastro inquietante que dejó su hospitalidad. Por mi parte, en ese momento no me percaté de la probable sorna con que el destino me dejaba atisbar la sencilla paradoja de los nombres.
Al día siguiente debo de haber hecho muchos comentarios sobre algunas de las impresiones que había cosechado, porque mi novia mencionó al pasar que se notaba que Ariadna congeniaba conmigo y que a ella también le caía muy bien, lo cual de todos modos no concibió nuevos encuentros.
Los años pasaron y la relación con aquella novia y otras se fue destejiendo. Cada vez resulta más difícil entrelazar relaciones que aspiren a durar y recorremos el dédalo urbano esperando la muerte o la liberación. Hay en el aire un aroma a tierras ya lejanas casi inconcebibles, pero sigo recogiendo en mi mano el hilo de los días que pueda llevarme finalmente de regreso a mi Ariadna.

sábado, agosto 26, 2006

La tiranía del verbo

Un mundo donde la vida cotidiana va poco a poco horadando el uso de los sustantivos.
Como la imagen gastada del agua que gasta la piedra.
Los sustantivos están en retirada.
El lenguaje está en recesión.
Los hiperónimos, como la nobleza otrora, han perdido jerarquía.
Han sido reemplazados por el término más conveniente a la ocasión, más la construcción "o lo que sea".
La Cosa avanza y el Coso la sigue.

martes, agosto 22, 2006

La persistencia del usuario

El conductor del informativo de Canal 9 del domingo nos señalaba que luego de las lluvias del fin de semana ‘Muchos usuarios persistían sin energía eléctrica’. En español, el hábito de persistir se ha dejado a agentes inanimados, como en 'la guerra persiste'. En casos en los que un agente animado muestra una conducta o acción continua o reiterada, una perseverancia, el verbo persistir suele conjugarse acompañado de la preposición en para introducir el objeto de la persistencia, como en 'Saddam persistía en su actitud de no rendirse ante las autoridades de la Coalición'. A la luz de esto, cabe suponer que sea cual fuese lo que estaban haciendo, muchos usuarios estaban dispuestos a seguir haciéndolo sin valerse de energía eléctrica, pues tal era su voluntad. O bien que los usuarios sin energía eléctrica (¿usuarios de qué?) persisten, perviven, como las guerras y plagas en Asia, el hambre en Tucumán o los horrores gramaticales y sintácticos en los medios nocivos de comunicación.

Estupidez urbana



(Reflexión casi atónita a un episodio que roza la sandez absoluta.)

Un hombre corre en torno a una plaza casi desierta, en sentido contrario a las agujas del reloj (cf. Hannah y sus hermanas), bajo el implacable sol del rutilante mediodía estival. Lleva en su mano derecha una botella de agua mineral y en la izquierda una correa para tirar rítmicamente del cuello de un perro oscuro. El animal mencionado en segundo término corre penosamente con la lengua afuera, denunciando claramente que lo agobia la transpiración y lo insensato de la situación, al tiempo que el tipo lo arenga: ”¡Vamos, que es regenerativo!”
De ajedrez, de prólogo, de puertas, de autor, de visitante, de local.
Toda apertura es un corvo signo de interrogación del que hay que salir antes de saltar hacia el punto y aparte.